La grieta es bella

Miquel Ángel Moreno – Carpintero de lo pequeño

Creador inusual

Una familia de carpinteros

Miguel Ángel Moreno pertenece a una familia de carpinteros originarios de Navafría, provincia de Segovia.

Su padre tenía un gran oficio que supo transmitir a sus hijos. Sin mayores estudios se enfrentaba con gran lucidez a la carpintería de obra, con sentido espacial y encontrando siempre soluciones, enseñando y corrigiendo incluso a arquitectos que no se familiarizaban fácilmente con esta profesión.

Los cuatro hermanos de la familia han heredado el oficio de carpintero. Uno de ello, el mayor –quizás profesionalmente el más dotado- murió en un accidente automovilístico truncando una prometedora carrera profesional.

Otros dos hermanos han creado una carpintería semi industrial de gama alta que realiza trabajos a medida en viviendas y en todo tipo de edificios.

Miguel Ángel ha seguido un camino diferente. Si bien heredó la tradición carpintera paterna sobre todo en el mobiliario a medida, se ha interesado –fruto seguramente de sus estudios universitarios y otras inquietudes personales- en otros temas relacionados con la madera.

Aparte de los aspectos medioambientales donde tuvo una larga militancia en grupos conservacionistas, se ha acercado a la madera desde otros puntos de vista: científico, cultural, artístico, etc. y con el tiempo ha ido creando o participando en diversas redes de expertos e interesados en la madera (botánicos, entomólogos, ingenieros forestales, artistas plásticos, artesanos, madereros, literatos,…) complementando saberes y con la mira puesta en poder crear un museo de la madera en Valsaín y generar un material que pueda ser estudiado con más profundidad en el futuro y un conocimiento de la madera más holístico.

Descubrimiento de los inusuales

Uno de los acercamientos más singulares de Miguel Ángel a la madera es lo que él denomina los “Inusuales”: un material que anteriormente le pasaba desapercibido y que algunos sucesos personales dolorosos o impactantes le han conducido a valorarlo convirtiéndolo en un material capaz de contar una historia

Todo comienza, según él, en el taller de carpintería, en la sierra de cinta donde el carpintero tradicional corta la tabla y el tablón y separa lo que va a carpintería y mueble o a leña y piezas especiales.

Desde luego se le quita lo podrido, lo estropeado, la anomalía, las coloraciones extrañas, lo que no tiene consistencia. Pero si aparece por ahí un niño (el hijo del carpintero por ejemplo) va a ver en esas piezas sueltas, en ese material de desecho, una pistola, una casa, etc., y se lo va a llevar para jugar.

Eso son los inusuales en origen, descubrir un valor que antes pasaba desapercibido (una forma, una textura, el color, el volumen) que aporta valores plásticos, emocionales o culturales relevantes. Unas veces proceden de fenómenos naturales, otras veces son respuestas de los tejidos vegetales a agresiones antrópicas o animales.

Para descubrirlos se requiere, desde luego, una mirada especial, una mirada entrenada. Estas piezas no se buscan, se encuentran por casualidad cuando se está atento.

Obtención de la materia prima

Una vez que los inusuales toman carta de naturaleza, el radio de acción se amplía. Ya no es sólo en la sierra de cinta donde aparecen sino en piezas de derribo, material para leña, etc.

De hecho el 90{e6f6a740f495a28e5914a468c9f2cfd5bb25b2612352089e9f5b18ba6d931181} de la colección procede de árboles muertos en pie, fruto de accidentes naturales (vendavales, inundaciones, arrastres) o derribos por una obra pública (carreteras, puentes,… ). Este tipo de madera suele destinarse a palets, viruta o leña

Cómo se trabajan los inusuales

La madera para inusuales, una vez descubierta, debe trabajarse (corte, descarnado, lijado) potenciando sus virtualidades y resaltando todo lo que es capaz de dar.

En ese sentido, la madera manda, juega con nosotros.

Algunas veces se descubre esa imagen por semejanzas con ciertos autores plásticos, especialmente con el expresionismo abstracto (algunas piezas son verdaderos tapies, aguadas japonesas o lucios muñoz) de forma casi natural.

Entonces se cortan buscando unas caras o una inclinación determinada. A veces se arriesga a desdoblar (cortar por el eje) con la esperanza y la intuición de que el interior ofrezca sorpresas (huecos, cambios de tonalidad, pudriciones que ofrezcan cierta belleza…).

La mayoría de las veces las piezas no se cepillan sino que se lijan y pulen adaptándose a lo que sugiere el material donde lo normal no es la planitud. Tampoco las suele acabar, porque el barniz o la cera envejecen de manera distinta a la madera apareciendo diferencias notables. Por eso las deja a su aire, que evolucionen con el tiempo.

Se respetan las formas, se resaltan las aguas y se potencia lo que la naturaleza ha producido.

Normalmente Miguel Ángel pide al poseedor de la pieza que la termine.

Una parte importante de los inusuales es la sensualidad, que la madera se pueda tocar, disfrutar o sufrir con los sentidos (no sólo el tacto), con sensaciones que pueden ser placenteras o dolorosas.

El inusual como documento

Otro aspecto es la historia que cuenta la pieza. La madera es un documento de una eficacia asombrosa porque refleja e informa sobre qué ha pasado alrededor: los aludes, las avenidas, la pérdida del suelo a partir de las raíces expuestas…

Como la madera es documento, Miguel Ángel colecciona piezas a las que ha dado forma de libro y que constituyen una biblioteca de árboles para que la etnobotánica pueda analizarla en el futuro.

Hay que saber estudiarlos con los métodos de la anatomía patológica o la medicina forense Por ejemplo, la raiz de un arbol nutriéndose bajo la tierra en condiciones ordinarias crece en anillos concéntricos, pero cuando se queda sin tierra y permanece al aire el anillo no lo hace en la parte desnuda o sufre cambios anatómicos significativos.

 

 

Fotografías Leonor Rojo

Publicado en el Boletín de Información Tecnica 269 de AITIM, enero-febrero 2011.