Pieza procedente de un tablón irregular de un viejo nogal, procedente de una huerta de La Granja (Segovia), regalo de un carpintero veterano.

La pieza se realizó para un curso de verano organizado por la arquitecta Rita Iranzo. Con su forma se ha intentando evocar el ciclo del agua, donde el árbol actúa como una bomba extrayendo la humedad del terreno.
La forma también evoca el símbolo de la fecundidad por su forma de mandorla. Se ha respetado la parte grisácea de la madera
atacada por hongos, que es muy ligera, casi como corcho. El ciclo imaginario es agua, bosque, árbol, madera, todo ello enmarcado en el símbolo sexual de la fecundidad.