El bosque de Polifilo representa el mundo de lo desconocido, que por tanto da miedo y angustia, pero por el que de todas formas hay que transitar, recorrerlo a la búsqueda del claro del bosque donde está la luz.

Refleja la búsqueda y la aceptación de uno mismo en el proceso de la vida. Y en este caso lo logra porque se ha sacado la corteza, se muestra la carne, la encarnadura; el color rojo de la sabina, semejante a la musculación, a la carne humana debajo de la piel, hace aparecer la figura que se nos muestra como algo grotesca y deforme, pero es el retrato que al final uno tiene que aceptar. Es el contraste entre lo que sería la sabina como especie ideal, conífera perfecta, ramas desde abajo, corte piramidal, utilizable en los jardines, y ver en qué ha quedado después del pastoreo (procede de la dehesa de Pedraza que es un sabinar).
Allí se meten vacas, ovejas y cabras, después de que los pastores desgajan las ramas (usa las ramas como escalera y corta cuando desciende) para que las ramoneen las ovejas (las ramas tocan casi suelo) y las cabras incluso escalan el árbol. Esta pieza sugiere momentos y enseñanzas de la biografía de su autor. Y en ese sentido el trabajar con estos materiales le servía en su búsqueda personal de reconocer lo que nos ocurre en nuestro tránsito vital.
El que se busca se arriesga a la ternura (y es una frase positiva). Buscarse para al final aceptarse y quererse en ese descubrimiento. Como tu has luchado pero las circunstancias vienen duras, aceptar las pérdidas, las separaciones, y construirse de nuevo. Eso es lo que hace el árbol, rebrota, saca callos, pierde su corteza natural. El árbol se defiende y crea un aspecto singular. De ahí el nombre de inusual.